La nueva narrativa de la política exterior chilena

Durante nuestra primera reunión del año 2014, conversamos sobre lo que parece emerger como una nueva narrativa de la política exterior chilena, en el contexto de la actual transición democrática. El 11 de marzo, Michelle Bachelet asumió la presidencia de Chile por segunda vez. Lo hizo con una plataforma diáfana, con tres ejes prioritarios: reforma tributaria, educativa y constitucional.

El nuevo régimen impositivo llevaría del 20% al 25% el impuesto a las utilidades de las grandes empresas. Así se obtendrían los recursos necesarios para financiar las reformas educativas, eje de las protestas masivas de los últimos años. Y el capital político que sepa retener y/o construir Bachelet, impulsará la agenda de reforma de la constitución, un pedido casi unánime de la sociedad y la dirigencia chilena.

Aunque la Presidente no tiene un cheque en blanco de la sociedad, llega al Ejecutivo con un considerable margen de maniobra y legitimidad. El desafío que enfrenta es lograr estar a la altura de las enormes expectativas que ha generado su vuelta al centro del escenario político chileno, en especial entre los sectores más jóvenes.

Bachelet regresa a La Moneda con más experiencia y prestigio. Tras su primera presidencia (2006-2010), fue convocada por el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, para ponerse al frente de “ONU Mujeres”. Permaneció en el cargo hasta 2013 y supo consolidar su imagen así como una densa red de contactos internacionales.

De querer hacerlo, la Presidente tiene sobradas herramientas para jugar un rol protagónico en la política regional y global. Pero no sin antes ajustar la narrativa de la inserción internacional de su país…

El nuevo gabinete de asuntos exteriores estaría percibiendo que el modelo de inserción internacional de Chile, vía tratados de libre comercio y regionalismo abierto, se está agotando. La nueva etapa apuntaría a otorgar similar peso a las dimensiones política, social y cultural de los lazos externos.

Uno de los ejemplos de ese agotamiento estaría encarnado en el desenlace del diferendo por los límites marítimos con Perú. La estrategia que privilegió la dimensión económico-comercial no fue suficiente para mejorar las relaciones bilaterales, ni contener la estrategia peruana de reclamo ante la Corte Internacional de Justicia. Su fallo parece dar un cierre definitivo al conflicto, aunque se abre para Chile un nuevo capítulo con Bolivia, por su histórico reclamo de salida al Pacífico.

La flamante Presidente considera que bajo la gestión Piñera el diálogo político con Brasil y Argentina fue cordial, pero de baja densidad. Por eso buscaría profundizar la relación bilateral con ambos países. En especial con Brasil, considerando que superó a la Argentina como principal destino de las inversiones chilenas en el exterior, y aprovechando la buena sintonía personal que tiene con la Presidente Dilma Rousseff.

Con respecto a la agenda de integración regional, el Canciller Heraldo Muñoz, destacado y viejo cuadro político de La Concertación, ha definido claramente el enfoque de la política latinoamericana de Chile: “convergencia en la diversidad”.

Su gestión busca enviar señales claras a la región, en especial a Suramérica. En un reciente artículo publicado en el diario El País, de España, Muñoz afirmó que Chile “no compartirá pretensión alguna de concebir la Alianza [del Pacífico] como un bloque ideológico excluyente o antagónico con otros proyectos de integración”.

Otra tendencia de cambio se observa en relación a la percepción de las negociaciones del Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP por sus siglas en inglés). Preocuparía al nuevo gobierno de Chile el régimen de propiedad intelectual del TPP, que significaría una renegociación del TLC firmado con Estados Unidos en 2002.

La poca transparencia con la que se conducen la negociaciones transpacíficas hace compleja la tarea de hacer un seguimiento informado del asunto, pero se perciben señales de mayor recaudo por parte de las nuevas autoridades que conducen la política comercial externa del país.

La sociedad chilena vive un momento histórico. Pero cada vez son más las voces que señalan que existen dos Chiles. Uno es el que, según proyecciones de la OCDE, está por convertirse en el primer país desarrollado de América Latina. El otro es el de la profunda desigualdad de acceso a oportunidades económicas y educativas. El tiempo dirá qué rol tendrá Bachelet en la inclinación de la balanza hacia alguno de ellos.

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