Las elecciones en Brasil

En la reunión mensual del mes de septiembre, conversamos acerca de las elecciones en Brasil y su posible impacto en la relación bilateral, tanto desde una perspectiva política, como desde una perspectiva económica.

Las relaciones entre Brasil y Argentina hoy en día se encuentran en una situación frágil, consecuencia no sólo de la desaceleración económica de ambos países, sino causada también por las restricciones al comercio que ha instalado Argentina. Habiendo sido el principal mercado de las exportaciones industriales brasileras, nuestro país parecería haberse salido del foco de atención de la burocracia brasilera, a medida que nuestro vecino comienza a reorientar su comercio hacia China (como sucede con el caso de los ferrocarriles).

Este fenómeno también se evidencia en el cambio de dirección de los flujos de inversión brasileños, que se han diversificado más, y ahora se dirigen a países como Perú, Colombia, Chile y Paraguay. Esta disminución de inversión brasileña en Argentina podría explicarse a partir del hecho de que nuestro país ha dejado de ser el principal destino de las exportaciones, para pasar a ubicarse en cuarto lugar. Mientras que Argentina hace de Latinoamérica su prioridad, Brasil parecería estar ampliando el panorama hacia la Unión Europea, Estados Unidos, y China, principalmente, nación que se ha vuelto foco de tensiones en la relación bilateral argentino-brasileña.

Estos parecerían ser indicios de la erosión de las relaciones bilaterales, cuestión respecto de la cual Brasil prefiere mantenerse en silencio, y Argentina –concentrada en su coyuntura interna– parecería no contemplar. Esta situación no exteriorizada merecería, en realidad, un debate emocional e ideológico acerca de los costos y los beneficios provistos por el MERCOSUR, y la necesidad de aportar cierto damage control técnico, para evitar que la situación se siga degradando.

Desafortunadamente, el MERCOSUR parecería no ser un punto primordial de las agendas electorales de ninguno de los dos países, ni del debate público, siendo un tema relegado a los círculos académicos.

Existe una sensación generalizada en Brasil de que el MERCOSUR sirve sólo cuando este país obtiene un buen desempeño económico y que le impone más constreñimientos que libertades, por lo cual dicho país debería salirse de la unión aduanera. Hoy en día, en un contexto económico brasileño en el que las cuentas externas están en déficit y la inversión extranjera directa no las logra compensar; en el que el desvío de comercio está generando un patrón de desindustrialización y en el que la inflación está comenzando a ser difícil de controlar, Brasil necesita herramientas para salir del middle income trap. ¿Podrá el MERCOSUR ser una de dichas herramientas?

Desde una perspectiva política, por otra parte, el panorama brasileño también parece complejo. Según las últimas encuentras, Dilma Rousseff ganaría en la primera vuelta, mientras que existe incertidumbre respecto de la segunda. Independientemente del resultado electoral, se ha sugerido que la política brasileña parecería haberse movido hacia la izquierda: el PSDB ha abandonado el centro de la escena electoral, debido a su incapacidad de dar con nuevos liderazgos; el crecimiento de la figura de Marina como representante del PSB también es un ejemplo de ello. Dicho viraje del sistema político en su totalidad podría deberse a una renovación del electorado. Hoy en día, las principales bases de Marina son los menores de 35 años y se ha producido un cambio generacional en todos los partidos políticos.

Por último, otro de los rasgos actuales del sistema político brasileño, que de todos modos solía ser un elemento tradicional –la gestión del PT de Lula sería apenas la excepción–, es el retorno al sistema fragmentario, en el que la necesidad de armado de coaliciones se vuelve imperiosa, incluso en el interior de los estados tradicionalmente monocolores como Minas Gerais (PT), Rio Grande (PP) o Bahía (demócratas). Gane quien gane las elecciones, todo parece indicar que se articulará un gobierno más débil, sin una estructura de acuerdos existentes, como de las que disponía Lula.

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