El deshielo Estados Unidos-Cuba y la crisis en Venezuela

Dedicamos nuestra primera reunión del año 2015 para dialogar acerca del sorpresivo acercamiento EE.UU.-Cuba, anunciado en discursos simultáneos por los Presidentes Obama y Castro. Ambos países Iniciaron las conversaciones para la apertura de sus embajadas y la flexibilización de algunas de las medidas más duras (incluido el embargo), y contaron con la facilitación tanto del gobierno de Canadá (que con esta carta vuelve a mostrar su rol clave en la articulación de la agenda hemisférica) como del Vaticano, a través de la figura del Papa Francisco.

Vale recordar que se trata, por ahora, de negociaciones para retomar las relaciones diplomáticas, lo que no equivale estrictamente a la normalización del vínculo bilateral. Los desafíos son enormes y el horizonte temporal para ambos está en algún punto entre 2017 (fin de la presidencia de Obama) y 2018 (plazo establecido por Castro para culminar el proceso de reformas).

Con el respaldo de una porción mayoritaria de la opinión pública de su país, el Presidente estadounidense recuperó la iniciativa en su fase conocida como “pato rengo” y se colocó en el centro de la historia, con un mensaje claro hacia Corporate America (especialmente sectores de la cámara de comercio, la coalición agrícola y empresas farmacéuticas) para que aprovechen la ventana de oportunidad que representan las reformas económicas iniciadas por Raúl Castro, y para que ejerzan su poder de lobby acompañando la iniciativa.

Una de las mayores oportunidades que se vislumbran para dar impulso al diálogo es la cumbre de las Américas que tendrá lugar en Panamá a comienzos de mayo, y de la que tanto Obama como Castro participarían. La multilateralización del diálogo, con un rol de acompañamiento de parte de países como Brasil, México y Argentina, entre otros, podría ejercer presión positiva para avanzar y profundizar la incorporación de Cuba al sistema hemisférico (hecho negado por el gobierno pero que de facto sí sucede). Sin embargo, surge como gran imponderable la actuación potencialmente saboteadora de organizaciones anti-castristas estadounidenses, así como de los sectores anti-reformistas cubanos (el silencio de Fidel es un dato a tener en cuenta), que podrían afectar el dinamismo del diálogo.

En esta nota, Andrés Serbín dice que con este diálogo todos ganan. Y en este artículo, Carlos Alzugaray dice que más que un deshielo incipiente estamos presenciando un viraje radical.

También dedicamos una parte de la reunión a repasar la actualidad venezolana, cuya crisis económica y política se profundiza con el correr de los días. La creciente inflación, el descontento social y el aumento de la violencia contra la protesta han llevado la popularidad del Presidente Maduro a uno de sus puntos más bajos (18%) y a una fragmentación cada vez mayor dentro del PSUV. A esto debe sumarse que, por la caída del precio del petróleo, a partir del mes de abril los ingresos del gobierno venezolano caerían hasta un 50%.

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