La crisis política en Brasil y las perspectivas de nuestra relación bilateral

En nuestro encuentro del mes de marzo, conversamos sobre la actualidad política de Brasil y las perspectivas futuras de la relación con Argentina.

El contexto brasileño parece haberse distanciado del que le dio la reelección a Dilma. El viraje de las políticas de la Presidente –que profundizó el clivaje Dilma-Lula al interior del PT–, sumado al impacto de las protestas callejeras, generan un clima de duda y preocupación en la élite político-económica de Brasil. El “efecto post-electoral”, que rápidamente erosionó el capital político de Dilma, afectó la gobernabilidad negociada y desnudó el déficit de liderazgo político. La sensación de vacío se percibe tras la decisión de Lula de anunciar su candidatura presidencial para 2018, apenas horas después del triunfo de Dilma, dejando a la Presidente expuesta, como un lame duck [pato rengo] a la brasileña.

Por su parte, el clivaje intra-PT se hace sentir en el Congreso, donde los alfiles de Lula y Dilma –Wagner y Mercadante, respectivamente– libran una disputa por alzarse como interlocutores válidos del petismo. Seguidores del ex Presidente abogan por la consolidación de acuerdos con el PMDB –gran ganador en un contexto de crisis que reclama la apertura del juego político y la distribución del poder–, mientras Dilma se opone a la idea de un gobierno tutelado. En este río político revuelto, la ganancia parece obtenerla un sector del baixo clero del Congreso, es decir, figuras de menor gravitación personal, pero con importante peso colectivo a la hora de definir votaciones. Estos están, a su vez, en su mayoría implicados en el escándalo de lava jato, y su capacidad de maniobra puede que logre evitar un avance desmesurado del asunto.

En un escenario de autonomización del Congreso y frente al debilitamiento del poder central, se incrementan las presiones legislativas contra los recortes propuestos por el Ministro Levy, alias “Manos de Tijera” –que pide una contracción de unos 4.000 millones de dólares– y la voluntad de negociación y consenso de salidas políticas se reduce. Planalto se ve “tironeado” en dos frentes: por un Congreso, que ya no puede controlar, y por una parte del electorado cada vez más disconforme, que no tiene inconvenientes en salir a las calles y pedir medidas extremas como el juicio político a la Presidente.

En cuanto a la relación Brasil-Argentina, pareciera que nos encontramos en un período de “oportuncrisis”: la transición electoral que atraviesa la Argentina y la erosión del poder de la Presidente brasileña, encarnan una gran oportunidad para que ambas partes entablen un diálogo franco, que –sin la presión de compromisos grandilocuentes– permita destrabar una relación dañada, en gran medida debido a conflictos comerciales creados artificialmente. En este sentido, la reciente visita del Canciller Mauro Vieira, fue una señal muy importante de la voluntad y la necesidad de sincerar la relación bilateral.

Uno de los puntos clave que genera tensiones entre los dos principales socios del Mercosur, es el creciente protagonismo de un tercer país: China. Su estrategia de penetración económica en ambos países amenaza con ahondar las grietas ya abiertas, produciendo desvíos de comercio en las dos naciones, y perjudicando intereses de actores económicos con roles dominantes que se ven desplazadas, afectando su perfil de inserción nacional.

A modo de conclusión, cada vez se hace más notoria la necesidad de generar diálogos entre interlocutores válidos de Argentina y Brasil, tanto de la arena parlamentaria como de sectores políticos y económicos que tendrán roles determinantes en el futuro equilibrio de la relación bilateral. Del lado argentino, diciembre parece demasiado lejos y emerge un sentido de urgencia, dado que, como dice Martín Fierro, “si los hermanos se pelean, los devoran los de afuera”.

La dinámica de la política internacional contemporánea tiene el potencial de volverse tóxica para nuestros países, si permitimos que la acción de actores extra-regionales afecte de manera desmedida el equilibrio latinoamericano. La relación argentino-brasileña es sintomática de la estabilidad y paz regional, así como de las oportunidades para generar riqueza y prosperidad. Por eso, en un contexto de retroceso de los precios internacionales de los commodities y una recuperación económica global magra, no podemos darnos el lujo de importar problemas que no son nuestros.

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