Perspectivas de la relación bilateral Argentina-Brasil en un mundo de cambios

En la reunión mensual del Comité de Estudios de América Latina, conversamos sobre dos temas de mucha actualidad e importancia para la región: los desafíos estructurales que enfrentan Brasil y Latinoamérica en el futuro mediato, y las oportunidades de la relación bilateral, en un contexto internacional de grandes cambios.

En cuanto al primer tema, se abordó el crecientemente complejo escenario de la gobernanza global. El desarrollo de nuestros países trae consigo nuevos desafíos que los estados deben atender: nuevas clases medias cada vez más numerosas, dispuestas a hacer valer sus demandas crecientes y cada vez más diversificadas (como mejoras institucionales y acceso a servicios públicos de calidad), como sucedió en Brasil en 2013, cuando la gente salió a las calles a protestar pacíficamente tras la jornada laboral. En este sentido, y pensando en su futuro, a partir del año 2035 se acaba para Brasil el llamado “bono demográfico”, volviendo cada vez más urgente la necesidad de pensar de qué forma mitigar el impacto socioeconómico del envejecimiento de la población, frente a un panorama de crecientes reivindicaciones.

En ese sentido, y en medio de este contexto global de incertidumbre y fragilidad macroeconómica, América Latina busca su lugar en el mundo como región, y sobre todo, su visión compartida ante los desafíos y problemáticas globales. Se hace evidente la necesidad de reflexión estratégica regional sobre temas en los que tendremos relevancia crítica en el futuro, tales como cambio climático y seguridad energética y alimentaria. ¿Qué modelo de desarrollo sostenible deseamos y necesitamos en América Latina? ¿Vamos hacia una economía regional “descarbonizada” o apuntamos a reducir nuestros niveles de emisión mientras prosigamos en el camino hacia el desarrollo?  Las sequías en San Pablo, las inundaciones en el norte de la Argentina y el avance de la desertificación en varias zonas del subcontinente, ya constituyen importantes señales de alarma. Hay que estar listos para hacer frente a estos desafíos, pero a la vez, hay que estar preparados para asumir el protagonismo que el futuro demanda.

Otro elemento importante en la ecuación de poder regional es el peso que tienen y tendrán los Estados Unidos y China. Mucho se habla del eventual declive estadounidense; sin embargo, sigue siendo el dólar la principal moneda de ahorro, financiamiento e intercambio global y China, como potencia ascendente, es la principal tenedora de bonos americanos, optando por el momento mantener el statu quo e impulsar sólo una serie de cambios selectivos. ¿Qué relación queremos con China y con los Estados Unidos? ¿Cómo vamos a conseguirlas?

Afortunadamente, al parecer no existen grandes diferencias en la región acerca del diagnóstico sobre el futuro. El desafío es, sin embargo, lograr armonizar los esfuerzos nacionales para viabilizar las soluciones que necesitamos.

Respecto de la relación bilateral, el debate hizo hincapié sobre sus puntos más fuertes, y en cómo lograr que ésta se fortalezca aún más, a cien años del proyecto ABC y a treinta de la Declaración de Iguazú (piedra angular de refundación del vínculo argentino-brasileño). Hoy en día sabemos que, para trabajar juntos, hay que alimentar la relación a diario y no permitir que se estanque, a fuerza de innovaciones constantes.

En la actualidad, existen en Argentina unas 130 empresas brasileñas, con un stock de inversiones superior a los 17.000 millones de dólares, que generan más de 50.000 empleos. En Brasil, por su parte, hay 42 empresas argentinas, con un stock de inversiones de 8.500 millones de dólares, que generan empleo para 43.000 personas.  Evidentemente, la agenda bilateral tiene una importante matriz comúnn de un foro binacionalbe ser impulsada desde el MERCOSUR, pero tambiad, la modernizacine una importante matriz com000 millones , basada en el sostenimiento de la competitividad, la modernización de la infraestructura y la innovación en el sistema productivo, que pueda lograr vínculos científico-tecnológicos entre ambos países. La financiación del emprendedorismo tecnológico que tanto requerimos precisa no sólo de diseños institucionales flexibles, sino también de voluntad política, como la que mostraron las duplas Alfonsín-Sarney y Kirchner-Lula.

Dicha agenda debe ser abordada estratégicamente, tanto desde los gobiernos, como desde la sociedad civil. Para ello, resulta necesaria la creación de un foro de pensamiento binacional, en el que los actores de la sociedad civil puedan aportar insumos a la mirada de la relación bilateral y mercosureña, ya que el Mercosur también es un proyecto estratégico, que excede ampliamente la discusión acerca de su naturaleza de Zona de Libre Comercio o Unión Aduanera.

El Mercosur es una iniciativa que ha beneficiado incluso a quienes hoy critican más ácidamente su sostenimiento. Por este motivo, resulta imperioso que se mueva hacia delante y no se estanque. Las negociaciones con la Unión Europea son un excelente stress test para ello, para que el bloque pueda adaptarse a la nueva realidad de este siglo XXI tan dinámico. En ese marco, las dos reuniones ministeriales del mes de mayo parecieran estar dando una buena señal respecto del avance conjunto de los cuatro países hacia el acuerdo.

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