Los efectos regionales de la crisis en Venezuela

En nuestra reunión mensual del Comité de América Latina, debatimos sobre la situación en Venezuela. Para ello, primero conversamos acerca de la coyuntura global en la que dicha problemática está inserta. En ese sentido, resulta ineludible destacar el peso que está teniendo el “deshielo” de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba en la evolución política hemisférica. Algunos sostienen que existe una suerte de triangulación entre las relaciones de Estados Unidos, Cuba y Venezuela y que, difícilmente, todas las aristas posibles de dicho vínculo puedan funcionar en simultáneo. Hoy, la relación cubano-estadounidense parecería traccionar a Venezuela, ya que –conforme Cuba se vaya normalizando- irá adoptando cada vez más un rol de honest power bróker regional, y sus relaciones con Venezuela se irán deteriorando.

Otros afirman que el nuevo acercamiento de los Estados Unidos a América Latina es un intento por evitar el crecimiento de la presencia china en la región; o incluso una manera de favorecer el impulso de los mega-acuerdos económicos, como la Trans- Pacific Partnership, en el que participan algunas economías de Latinoamérica.

 

En dicho contexto, Venezuela evidentemente está comenzando a perder aliados políticos, mientras su crisis económica se agrava a diario, en gran medida debido al desabastecimiento. La crisis se produce también hacia el interior del chavismo, y tiene repercusiones internacionales, como los conflictos limítrofes que se han suscitado con Guyana y Colombia.

En el primer caso, las relaciones se tensaron luego de que Venezuela aprobara zonas marítimas de defensa que incluyen áreas que Guyana considera propias, y en las que –al parecer- se habría descubierto petróleo. Sin embargo, el nivel de conflictividad se mantuvo apenas a nivel diplomático, sobre todo luego de los dichos de Brasil y de bloques como el CARICOM en respaldo de Guyana.

En cambio, las históricas tensiones en la frontera con Colombia, vinculadas a las actividades de contrabando y narcotráfico, sí han escalado hasta llegar a escaramuzas militares. Se produjeron intercambios de disparos en la frontera, como resultado de enfrentamientos entre bandas de contrabandistas. Esto llevó a que el Presidente Maduro declarara el estado de sitio, movilizara fuerzas y cerrara la frontera con Colombia. Es allí cuando comenzaron las deportaciones de 1.500 colombianos que vivían en Venezuela, junto con otros 19.000 familiares y allegados.

Sin embargo, y como era esperable, dado que la situación política –si bien con marcadas diferencias- es compleja a ambos lados, Colombia también decidió capitalizar la situación y movilizar tropas a su frontera, luego de una serie de episodios confusos, en los que helicópteros venezolanos violaron espacio aéreo colombiano, así como también aviones de combate venezolanos sobrevolaron instalaciones militares colombianas, cercanas a la frontera. Todo ello, por su parte, ha revivido el debate colombiano respecto de la efectividad de sus Fuerzas Armadas, los déficits en sus capacidades convencionales, así como también la ya histórica pulseada por el poder entre el Presidente Santos y su antecesor, Álvaro Uribe.

Una hipótesis posible respecto de estas incursiones venezolanas en espacio colombiano podría ser que se las esté utilizando para desviar la atención de la grave crisis que se vive en el país. Incluso, podría pensarse que se trataría de una excusa para volver a declarar el estado de sitio y frustrar las elecciones de fin de año, en las que la oposición parecería estar limando asperezas para presentarse con un frente unificado que –de ser así- podría obtener resultados considerablemente mejores que el chavismo. Todo ello, sobre todo teniendo en cuenta el panorama de fragmentación actual de dicha fuerza entre sus principales tres familias (Chávez, Maduro y Cabello). A esto debe sumársele el ala radical (liderada por Rojas), que considera a Maduro un “traidor” a la Revolución (y a la que se le negó identidad partidaria independiente), los grupúsculos armados, así como también la atomización en las Fuerzas Armadas, que cada día controlan más aspectos de la vida de los venezolanos. Dicha militarización de la vida cotidiana se debe a los efectos del desabastecimiento, agravado a su vez por el cierre de fronteras con Colombia.

Asimismo, en el plano institucional americano, podemos afirmar que la crisis venezolana ha puesto en jaque a la gran mayoría de los sistemas multilaterales. Por un lado, la OEA no ha podido llegar a un acuerdo para tratar el tema –lo que podría considerarse una victoria “negativa” o “defensiva” de la diplomacia venezolana-; pero tampoco la UNASUR o la CELAC han podido manifestarse al respecto, debido a las posiciones encontradas de sus miembros.

Hay un legado de diplomacia multilateral –ALBA, Petrocaribe y Mercosur- elaborado por Chávez, sobre el que Maduro se sigue sustentando, si bien está comenzando a crujir. En este sentido, el CARICOM y Cuba jugarán un papel fundamental para decidir la orientación de los vecinos más próximos de Venezuela.

En lo que respecta al Mercosur, por el momento sigue presentándose como un actor ausente. La Alianza del Pacífico, por su parte, ya ha marcado su posición, reaccionando enérgicamente en contra de la condena de Leopoldo López, por lo cual sus países ya han sido descartados por Venezuela como potenciales mediadores con Colombia, debido a su parcialidad.

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